Él. Era él. Él y su sonrisa. No necesitaba más.
Por aquel entonces no era complicado vivir. Solía pasar las mañanas en el instituto. Las tardes las dedicaba a estudiar, y si tenía tiempo... le dedicaba unos minutos a aquella sonrisa. Por aquel entonces yo era feliz. Muy feliz. Me gustaba reir a su lado. Llorar era menos triste si él me abrazaba. Y los días pasaban muy rápido.
Aún recuerdo su voz susurrando mi nombre. Y las noches enteras sin dormir. Imaginando que vendría y me contaría lo mucho que me quería.
La vida era fácil por aquel entonces. No necesitaba más que su sonrisa. Su sonrisa y él.
No recuerdo muy bien que llegó a pasar. Lo que recuerdo es que todo terminó. Terminó como acaban las cosas bonitas. Terminó como todo en esta vida.
Ha pasado mucho tiempo, y aún recuerdo el perfume de su cuerpo. Porque las historias bonitas nunca acaban. Porque en nuestros recuerdos caben más sonrisas que lágrimas.
Ha pasado mucho tiempo. Muchas cosas han cambiado. Otras no. Pero aún recuerdo las cosas bonitas. Y si fuese con él. Yo con él siempre lo intentaría.
" Uno escribe su propia vida, sólo que, por pudor, la escribe en jeroglífico."
Francisco Ayala.
7 abr 2011
2 abr 2011
Segundas oportunidades.
Que se dan. Que nos dan. Que nos damos.
Para intentar se feliz. Para ser feliz.
Porque nadie sabe qué nos deparará el futuro. Y eso solo se sabe viviendo. Apostando. Apostando por que las cosas salgan bien.
Segundas oportunidades que se dan, nos dan y nos damos.
Y tú, ¿me darías una segunda oportunidad?
Y yo, ¿me daría una segunda oportunidad?
Nunca se sabe...
Para intentar se feliz. Para ser feliz.
Porque nadie sabe qué nos deparará el futuro. Y eso solo se sabe viviendo. Apostando. Apostando por que las cosas salgan bien.
Segundas oportunidades que se dan, nos dan y nos damos.
Y tú, ¿me darías una segunda oportunidad?
Y yo, ¿me daría una segunda oportunidad?
Nunca se sabe...
28 mar 2011
El sexo sin amor.
Después del sexo todo se ve distinto. El deseo cede espacio a la fatiga. Se puede observar el eco del placer. La euforia se apodera de nuestro cuerpo.
Después del sexo todo se ve distinto. Incluso nuestra pareja nos puede resultar distinta. Quizás, hasta más bella. Quizás, hasta la única hermosa.
- Quizás esto que te vaya a decir pueda estar fuera de lugar y de hecho, disculpa si te sienta mal, pero... te quiero.
Y ella... no puede evitar echarse a reir.
- Repitelo.
- Te quiero. Pero tomate esto en serio, por favor.
Y lo mira, y se enternece. Nunca lo había visto así. Y le gusta, le gusta mucho.
- Me lo tomo mucho más en serio de lo que crees.
- Me alegro. - Y suelta una sonrisa, por fin. - Pero no me has dicho nada...
- ¿Qué quieres que te diga?
- Pues no sé... si tú me quieres...
- No me lo has preguntado. Pregúntamelo.
- ¿Me quieres?
Y entonces esboza una sonrisa de esas que le dejan mudo.
- Sí, te quiero.
Después del sexo todo se ve distinto. Incluso nuestra pareja nos puede resultar distinta. Quizás, hasta más bella. Quizás, hasta la única hermosa.
- Quizás esto que te vaya a decir pueda estar fuera de lugar y de hecho, disculpa si te sienta mal, pero... te quiero.
Y ella... no puede evitar echarse a reir.
- Repitelo.
- Te quiero. Pero tomate esto en serio, por favor.
Y lo mira, y se enternece. Nunca lo había visto así. Y le gusta, le gusta mucho.
- Me lo tomo mucho más en serio de lo que crees.
- Me alegro. - Y suelta una sonrisa, por fin. - Pero no me has dicho nada...
- ¿Qué quieres que te diga?
- Pues no sé... si tú me quieres...
- No me lo has preguntado. Pregúntamelo.
- ¿Me quieres?
Y entonces esboza una sonrisa de esas que le dejan mudo.
- Sí, te quiero.
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