" Uno escribe su propia vida, sólo que, por pudor, la escribe en jeroglífico."
Francisco Ayala.

11 abr 2011

Vida nueva.

Me despierto desnuda. Es domingo. Me levanto y corro hacia el armario. Me pongo unos pantalones negros y cortos de deporte y una camiseta azul básica de manga corta. Descalza, camino hasta la cocina. Puedo sentir el dolor del frío en mis pies, pero continuo hasta la encimera de la cocina. Cojo un vaso de cristal, y lo lleno de leche bien fría. Me apoyo en la encimera y entonces... me pongo a pensar.
Anoche había salido de fiesta. Me había graduado. Bailamos, reímos y bebimos. Nos lo pasamos realmente bien. Había comunicado a mis mejores amigos mi decisión de ir a estudiar fuera. Lloramos. Lloramos mucho. Y recordamos. Cada lágrima, cada risa. Cada instante vivido juntos. Es muy duro ver como la vida que tanto quieres cambia de la noche a la mañana. Pero esto es lo que quiero, y lo voy a hacer.
Anoche fue una noche especial. Estaban todos. Raquel y Dani habían salido de su burbuja por unas horas. César había recorrido sus primeros 30 km en coche. Y Lucía y Nico habían dejado atrás sus diferencias para disfrutar de la noche. Estábamos todos. Incluido Carlos, que ya estaba del todo recuperado de su accidente de coche. Estábamos todos y yo me sentía bien. Muy bien. No quería que acabara. Por eso, cuando les dije que me iba, no me creyeron. Lo había decidido hacía mucho tiempo, pero no me había atrevido a contarlo. Cuando les anuncié mi decisión me miraron incrédulos y se mofaron de mí. Pero mi cara les hizo cambiar rápidamente de opinión. Estaba hablando enserio. Y quise morir en ese instante. Laura me abrazó justo cuando comenzamos a llorar juntas. Y a mi mente comenzaron a llegar tantísimos momentos parecidos.
Había pasado mucho tiempo desde que nos conocimos. Habían cambiado muchas cosas. Pero nos queríamos mucho más.
Anoche fue una gran noche. Sin lugar a dudas. Bailamos, reímos y bebimos. Y lloramos. Lloramos mucho. Claro está que de felicidad. Felicidad por haber vivido tantos momentos juntos. Felicidad por haber reído tanto. Por haber sido tan felices, juntos.
Termino de beberme el vaso de leche y vuelvo a la cama. Me acuesto y abrazo fuerte a Marco. Ahora mismo, por lo único que lloro es por la incertidumbre de saber qué pasará con nosotros dos.

7 abr 2011

Él y su sonrisa.

Él. Era él. Él y su sonrisa. No necesitaba más.
Por aquel entonces no era complicado vivir. Solía pasar las mañanas en el instituto. Las tardes las dedicaba a estudiar, y si tenía tiempo... le dedicaba unos minutos a aquella sonrisa. Por aquel entonces yo era feliz. Muy feliz. Me gustaba reir a su lado. Llorar era menos triste si él me abrazaba. Y los días pasaban muy rápido.
Aún recuerdo su voz susurrando mi nombre. Y las noches enteras sin dormir. Imaginando que vendría y me contaría lo mucho que me quería.
La vida era fácil por aquel entonces. No necesitaba más que su sonrisa. Su sonrisa y él.
No recuerdo muy bien que llegó a pasar. Lo que recuerdo es que todo terminó. Terminó como acaban las cosas bonitas. Terminó como todo en esta vida.
Ha pasado mucho tiempo, y aún recuerdo el perfume de su cuerpo. Porque las historias bonitas nunca acaban. Porque en nuestros recuerdos caben más sonrisas que lágrimas.
Ha pasado mucho tiempo. Muchas cosas han cambiado. Otras no. Pero aún recuerdo las cosas bonitas. Y si fuese con él. Yo con él siempre lo intentaría.

2 abr 2011

Segundas oportunidades.

Que se dan. Que nos dan. Que nos damos.
Para intentar se feliz. Para ser feliz.
Porque nadie sabe qué nos deparará el futuro. Y eso solo se sabe viviendo. Apostando. Apostando por que las cosas salgan bien.
Segundas oportunidades que se dan, nos dan y nos damos.
Y tú, ¿me darías una segunda oportunidad?
Y yo, ¿me daría una segunda oportunidad?
Nunca se sabe...