" Uno escribe su propia vida, sólo que, por pudor, la escribe en jeroglífico."
Francisco Ayala.

24 feb 2013

El juguete del jugador.

Cuando Cris se despertó aquella mañana de domingo sabía que jamás se volvería a acostar en aquella cama.  Ni a levantar. Cuando Cris recogió su ropa del suelo, sabía que jamás volvería a recoger ninguna prenda de aquel suelo. Cuando Cris salió por aquella puerta, sabía que jamás volvería a salir por allí. Ni a entrar.
Cris sabía todo eso, lo sabía muy bien. Tan bien que sabía todo aquello antes de que sucediera, antes si quiera de que pudiera imaginar que sucediera. Y aquella mañana de domingo, soleada, como tantas otras, no sería jamás como tantas otras. Aquella mañana de domingo salió de aquella casa, aquella casa en la solo estaría una vez en su vida, aquella casa que había sido testigo del placer exquisito de su piel, de ese placer que tan solo dura una noche, unas horas, unos minutos. Aquel placer que era cada vez un placer diferente. Diferente, como la vida que le depararía después de aquella mañana de domingo soleada. Porque Cris había decidido esa mañana que jamás volvería a ser un juguete, Cris había decidido que a partir de aquella mañana sería jugadora. "Nos proponemos complacer." Y a partir de aquella mañana ella se propuso complacer y ser complacida.   Aquella mañana Cris salió de aquella casa para nunca más volver.
Aquella mañana, Cris salió de su vida para nunca más volver.

10 feb 2013

La belleza de lo imperfecto.

No han sido pocas las veces que me he preguntado qué es lo que hace que me guste tanto. La miro y sé que me encanta. La miro y me resulta perfecta. Y aunque sé que no lo es, me emociono al recorrer su cuerpo con la mirada. Me emociono al escuchar su risa. Me emociono aún más cuando esa risa la provocan mis bromas. Y aunque sé que no es perfecta, no dudo ni un instante al reconocer que me parece perfecta. Y me derriten sus ojos al mirarme, y me estremece su risa al estallar, y me indignan sus inseguridades, sus miedos, sus imperfecciones. Y si cada vez que la miro me resulta más bella, más atractiva, más mujer y más niña, no consigo comprender qué es lo que hace que me guste tanto. Su mirada ingenua, su escalofriante inteligencia, su más sincera bondad. Todo. Toda ella es perfección. Y sé que no es perfecta, lo se. Pero no puedo evitarlo, no puedo evitar recordarla y sentir que lo es. Y aunque ella no deje de sacarse defectos e imperfecciones, todos y cada una de ellas me parecen perfectamente imperfectas. Y toda esta perfección me hace sentir ridículamente imperfecto, un hombre tartamudeando cómicamente a su lado, un simple mortal al lado de su diosa.
Y aún así, no logro entender qué es lo que hace que me guste tanto; si es su perfección o su perfecta imperfección.

7 nov 2012

El pozo.

El día que él se fue llegó el invierno. Llegó el invierno y también las nubes. Llegó la lluvia. Llegaron las tinieblas. Y él ya no estaba. Él ya no me abrigaba. Ya no me abrigaba porque ya no estaba. Y eso era el horror, el dolor. Él ya no estaba y hacía frío, mucho frío. Y llovía. Llovía fuera y llovía dentro. Llovía en lo más profundo de mí. Mi corazón lloraba su ausencia. Su pérdida. Porque lo había perdido yo solita.
El día que él se fue llegó el dolor. Ese dolor que hacía tanto que no aparecía. Ese dolor que solo él convertía en risa. Las lágrimas que él un día convirtió en sonrisas habían vuelto. Habían vuelto y ahora le lloraban a él. Todas las heridas que él había conseguido reparar, que sólo él había conseguido curar, supuraban ahora como nunca lo habían hecho. ¿Y cómo no llorarle, cómo no concederle el privilegio de mis lágrimas a quien nunca me dejó caer? Él, que siempre estuvo, que estuvo cuando no estaba esa gente que prometía no fallarme nunca. Él, que nunca me dejó caer. Él me dejaba caer ahora a lo más hondo de el pozo. Donde todo era oscuro, donde todo era negro. Él me dejaba caer para no levantarme después. Porque ya no estaba, él ya no estaba y yo no lo podía aceptar. No lo podía creer. 
Y yo estaba en lo más hondo de aquél pozo maloliente. En lo oscuro, en lo negro. Sin saber que la salida, que la felicidad, estaba mucho más cerca de lo que parecía.

10 may 2012

Fea.

El miedo a mirarse en un espejo. El horror de tener que reconocer su rostro en una foto. El saber de un cuerpo deforme.
Y, a veces, no se ve tan mal. "Si tuviese menos barriga estaría mejor" Piensa. Y en ese mismo instante en el que piensa, falla. Empieza a verlo todo mal. Muslos. Glúteos. Barriga. Caderas. Pechos. Mentón. Pómulos. Nariz. Boca. Ojos. Cejas. Pelo. Todo mal. Ese cuerpo que le lleva a todas partes le horroriza cada vez más.
Hace mucho tiempo que no se siente atractiva. Siente las miradas de los hombres al pasar. Pero no se siente guapa. Su cuerpo es pura chatarra. No sirven de nada los piropos, ella se siente fea. "Eres preciosa." le dijo alguien hace poco, pero ella se siente fea. "La belleza es subjetiva." Y se sintió más fea aún. No hay nada que sirva. Nada. Se siente fea y punto.
Ya no sabe si es juicio, crítica o exigencia. Lo único que sabe es que es su realidad. Una realidad que quizás no es más que una idea. Una realidad que quizás no es más que el afán de ser perfecta.

1 nov 2011

Suya.

Cada sonrisa es suya. Cada beso, cada carcajada. Y los abrazos y los mordiscos. Son suyos. Solo suyos.
Todos sus sueños, sus planes. Son suyos. De nadie más. Y él lo sabe. Sabe que todo eso y mucho más es suyo y de nadie más.
Y las noches. Las mañanas. Las tardes. Y todos y cada uno de los días que vendrán.
Y los días nublados. Lluviosos. Los soleados. Hasta los días raros.
Y las canciones. Y los versos. Las palabras, son suyas.
Su manera de andar. De hablar. De reír.
Su pelo, sus manos, su boca.
Hasta su malhumor, sus desplantes y sus miradas.
Las sonrisas tontas, y la risita. Son suyas y de nadie más.
Sus sonrisas, sus besos, su risa.
Ella. Ella es suya.


12 oct 2011

Playas V

Han pasado más de dos meses y aún no le ha hablado de la isla. Y no es capaz de entenderlo. La isla. Su isla.
Ha soñado tanto con ella. Tantísimo. Ha hablado tanto de ella. Tantísimo. Que no es capaz de comprender que aún no le haya hablado de ella.
Su isla, de nombre impronunciable. Donde se pierde cuando ya no puede seguir. Donde se pierde cuando no tiene ganas de seguir. Donde es ella misma. Y nadie le juzga. Donde es la más bella. Y no caben defectos.
Esa isla que poco a poco va adoptando nombres y apellidos. Esa isla que le ha enseñado a ser feliz. Donde es más feliz que nadie.
Y aún no le ha hablado de ella, y no puede entenderlo. Porque él, más que nadie, se merece saber de la isla.

10 oct 2011

Playas IV

Ahí está. Sola. En el mar. En su isla, en su playa. Ya no sabe quien es. Y menos aún quien quiere ser. Huyó lejos para perderse. Para perder esas inseguridades, esos defectos y esas maletas llenas de ansiedad. Huyó lejos para perderse a sí misma. Porque ya no sabía quien era. Ni quien quería ser. Huyó lejos, a su isla, para encontrase a sí misma.
Y ahí está. Sola. Sin nadie. Sin ella misma. Aún no sabe comprender quien es. Ni quien quiere ser. Está perdida. Perdida en un mundo de gigantes. Un mundo enorme donde ella tan solo es una hormiga débil e indefensa. Porque no sabe quien es. Ni quien quiere ser. Ni mucho menos quien quieren que sea. Quien quieren que sea ellos, los de fuera. Los que le dicen qué debe hacer y cómo actuar. Los que le dicen en quién tienen que confiar y en quién no.
Y ahí está ella. Sola. Perdida. En un mar de dudas. En su mar. En su isla. Comenzando a advertir quien es. Y en quien ha de confiar. Comenzando a advertir que la solución está en sí misma. Que ha de confiar, tan solo, en sí misma y en lo que ella considere. Porque su criterio, el suyo, es el único que vale. Porque, al fin y al cabo, la única que puede saber a ciencia cierta quien es... es ella misma.

5 sept 2011

Lágrimas convertidas en sonrisas.

Y en aquel momento no supo comprender como pudo arrepentirse tanto de aquel beso. Aquel beso, que junto a muchos otros, había conseguido convertir tantas lágrimas en sonrisas. Arrepentirse de besar a la persona que había conseguido sacarle más sonrisas. La que había convertido la tristeza en alegría.
Y entonces le abrazó fuerte, muy fuerte. Le abrazó el día en el que los fantasmas habían decidido hacerle una visita. En el que pensar se había convertido en una tarea angustiosa. Pero no le importó. Le abrazó fuerte y le sonrió.
Ella tenía miedo al amor. Miedo, pánico, horror. Temía enamorarse para más tarde sufrir. Había sufrido mucho. Y llorado. Había llorado muchísimo. Y cada día que pasaba sentía más miedo. Miedo, pánico, horror. A cada paso, cada beso. Hasta el día que comprendió lo que de verdad importaba.
Lo que importaba era poder disfrutar de él. De su sonrisa. De las risas. Y los besos infinitos. Los abrazos. Las palabras. De esas lágrimas convertidas en sonrisas. Y no importaba lo que el destino les tenía preparado.No. No importaban las preocupaciones. Para nada. No.
Lo que importaba eran esas ansias de verle. Comprobar que su corazón se acelerara nada más verle cruzar la esquina. Y besarle, como si no existiera mañana. Regalarle besos para agradecer cada sonrisa. Y no preocuparse por nada más. Nada más.
Quizás llevara razón aquel día. Quizás sea la tercera persona. Quien sabe.

22 ago 2011

El ocaso del odio.

Aquella noche no podía dormir. Hacía mucho calor y el ruido de la calle era insoportable. Se vistió con lo primero que encontró en el armario y salió al balcón.
El aroma a sal la envolvió por completo. La gente en las terrazas parecía estar disfrutando del verano. Y el sonido del mar le recordó quien era.
Después de pasar una mala época no podía sentirse mejor. Las lágrimas no aparecían en cada momento, y las sonrisas surgían hasta en los malos momentos. Blanca sabía como era el infierno. Sabía a que sabía la derrota. Y el odio. Nunca supo como era el amor, porque nunca se quiso a sí misma.
Y el ocaso del odio llegó en el verano en el que no dejó de nevar. Eros se abrió paso en su mundo de odio y entonces los días empezaron a tener sol. Blanca comprendió quien era, al igual que comprendió el valor de una sonrisa. La tristeza no volvió a viajar en primera, y solo aparecía en los momentos en los que era preciso aparecer.
Blanca empezó a sentirse bien justo en el verano en el que no dejó de nevar. En el que, como en las canciones de Sabina, siempre había un sabor amargo y otro dulce.
Y esa noche de verano, en la que no podía dormir, volvió a recordar quien era... Aquella chica sonriente a la que nada, ni nadie podía hacer caer.

16 ago 2011

Lo que él sí sabía.

Hacía ya tiempo desde que ella lo había decidido. Desde que había decidido quién era importante y quién no. Él, sin lugar a dudas, era importante. Y él lo sabía, debía saberlo.
Él sabía que ella nunca había sido feliz. Al igual que sabía como eran sus sonrisas sinceras, como saben sus mejillas al morderlas. Él sabía todo lo que guardaba dentro, como pocos lo sabían.
Sabía a qué sabían las lágrimas que ella derramaba. Sabía lo bien que le sentaban las sonrisas después de llorar. Por eso nunca se alejó del todo, porque sabía que ella le necesitaba. Como al sol. Y los abrazos y las risas. Y las tonterías. Las miradas de complicidad y las carcajadas. Y las canciones...

9 ago 2011

Lo que él no sabía.

Hacía un tiempo que ya no le creía cuando decía que le quería. Cuando decía que le gustaba su sonrisa, cuando decía que le necesita a su lado. Hacía un tiempo que había dejado de creer en él. "Estás cambiada." Le decía. Y ella no podía evitar esa mirada de incredulidad, de desolación. ¿Cómo no iba a estar cambiada si el frío se había adueñado de su cuerpo en pleno verano?
Su corazón estaba herido, apuñalado, destrozado. Y él lo sabía, debía saberlo. Ella era débil como un cristal fino, como el diente de león que al soplarle se divide en partes muy pequeñitas. Por eso siempre intentó hacerlo lo mejor posible, aunque no obtuviera resultado alguno. Porque las personas débiles no saben cuidar de otros. Ella siempre intentó hacer de él una persona fuerte y segura, que dejase atrás esos miedos que le ataban. Destruir ectoplastas. A ella le encantaba escucharle, por que le escuchaba y se escuchaba a sí misma. Y le odiaba, y se odiaba. Él también era débil, muy débil. Quizás la culpa la tuvo la falta de amor propio.
Llegó el día en que él dejo de valorar todo esto. Dejó de valorar las sonrisas, los abrazos, los besos. Las lágrimas compartidas, las risas. Las canciones. Y se dedicó a escavar un agujero en el corazón de ella. Ese corazón tan frágil, tan débil. Y en cambio ella le dedicó solo sonrisas. Desde entonces no había vuelto a ser la misma y él debía saber la razón.
Lo que él no sabía es que hacía un tiempo que ella había dejado de creer en las personas, que había decidido que ella era lo más importante, había decidido creer en ella. Había empezado a dejar atrás a los miedos, esconder las lágrimas y destruir ectoplastas. Había empezado a creer que no tenía la culpa de todo, que era capaz de hacer las cosas bien. Había dejado de odiarse.
Lo que él no sabía es que había decidido que por esa cara no iba a caer ninguna lágrima más.
Así que se decantó por olvidar todo, por continuar. Supo que lo había hecho lo mejor posible, que no quiere decir bien.
Lo que él no sabía es que ella había decidido ser feliz justo el verano en el que no dejó de nevar...

29 jul 2011

Las cosas que nunca te dije.

La noche del once de junio fue una noche especial. Llevaba todo el día estudiando y estaba muy cansada. Para serte sincera, no estaba pasando por un buen momento, me comía la ansiedad cada día un poco más.
La noche del once de junio estaba sentada en el suelo de la calle, comentando con dos amigos lo dura que se nos hacía a veces la vida. Los miedos y las inseguridades. Y entre tanto pensamiento y comentario amargo... me acordé de ti.
Me acordé de ti justo esa noche. Y lo dije, te juro que lo dije... Dije que te echaba de menos, y que te quería mucho.
Me preguntaba cómo te había ido la selectividad, más tarde supe que nunca la llegaste a hacer.
Lo que no entiendo, amiga mía, es como una persona como tú ha llegado hasta esta situación.
Siempre había admirado tu fortaleza, tu manera de ver el mundo y esa personalidad tan fuerte que parecía que nadie la podría destruír. Te prometo que sé que tú no eres así. Te prometo que ya no te admiro. Y ahora, te vas a callar y me vas a escuchar.
Ya no te admiro porque soy incapaz de admirar a alguien que se deja arrastrar por una persona tan miserable. Porque soy incapaz de admirar a una persona que ha caído de lo más alto solo porque ella ha querido. Porque estás haciendo mucho daño a las personas que más te quieren en este mundo. Porque te has jodido la vida.
Y debes saber, querida amiga, que no, tú no eres una persona madura. De hecho, en estos momentos, eres la persona, mayor de edad, más inmadura que conozco. Una persona madura no abandona su casa, no deja su vida así porque sí. Lo has tenido todo, todo en esta vida. Tienes una familia estupenda y no te pienso permitir que lo niegues una vez más. Una persona madura sabe qué es lo que le conviene y lo que no. Sabe lo que es ganarse la vida de verdad. Porque lo que tu haces no es ganarse la vida. Ganarse la vida es trabajar, y si hace falta, hasta que te sangre el cuerpo de tanto trabajar para poder comer y dar de comer a tu familia. Ser una persona madura es quererse a sí misma y a los demás. Ser una persona madura no es destruirse para acabar muerto a los treinta y pico. Ser una persona madura no es meter a sus amigas en movidas de personas miserables. Ser una persona madura no es ser egoísta. Ser una persona madura no es alardear de ser una persona madura.
Y ahora para, y mira a tu alrededor... Puede que no estés de acuerdo con el sistema, que no te guste lo convencional, que la vida de las personas que te rodeen no sea de tu agrado y no compartas ideas políticas con ellas. Muy bien, sé lo que es eso. Pero te juro, que esas personas que he citado antes son muchísimo más respetables que tú, porque puedo estar segura de que la mayoría tiene lo que se ha merecido en esta vida, por su esfuerzo y su dedicación. Tú no vas a conseguir nada bueno.
Se pueden cambiar las cosas de manera más inteligente, como lo ha hecho la gente respetable en este mundo, en este país. Tú nunca serás respetable. Ya no.
La noche del once de junio fue una noche especial. Lo malo vino después.

14 jun 2011

Nada se pudo hacer.

Nada se pudo hacer. Se nos fue el sol por la espalda. La luna se vistió de gala. Y sus zapatos nuevos brillaban en la oscuridad. Nada se pudo hacer y en cambio hicimos mucho.
Su sonrisa en mi boca y la mía en la suya. Su mano pequeña en mi mano grande. Hicimos mucho aunque no lo crean. Ella sabía que todo saldría bien, pero no pudimos hacer nada.
Y no soltó ni una lágrima, ni una sola. A veces me sorprende su fortaleza. Y como es capaz de esconder en una sonrisa todo el dolor que lleva dentro.
Sara es diferente a todo lo que hay por aquí. Y una sola sonrisa puede cambiarlo todo en mí.
Como en aquella noche en la que no se pudo hacer nada y en cambio hicimos mucho.
Llevábamos muchos días sin vernos. Habíamos tenido una pelea y decidimos darnos un tiempo. Y en esa noche decidí que ya no nos besaríamos más. Que lo nuestro había muerto y que no podíamos hacer nada. Yo hablaba y hablaba, trataba de explicarme, pero Sara no decía nada. Sonreía. Y yo no tuve más remedio que sonreír.
Aquella noche acabó todo. Nada se pudo hacer. Pero Sara me había regalado la sonrisa más bonita del mundo. Nuestra última sonrisa. Nada se pudo hacer y en cambio hicimos mucho.

Al cabo del tiempo comprendimos que habíamos hecho mucho. Y que esa no sería nuestra última sonrisa. Que nos volveríamos besar. Pero esa... esa es otra historia.

9 jun 2011

Las cosas que me gustan.

A mí me gusta disfrutar de las pequeñas cosas. De las sonrisas sinceras, y de las que se nos escapan. Me gusta darme cuenta de como se acelera mi corazón. Me encanta sentir.
Me gusta fijarme en los pequeños detalles. Esas miradas llenas de complicidad y temor. De entusiasmo. Me gusta conocer a las personas a través de sus gestos.
A mí me gustan las pequeñas cosas. Me gusta sentarme en el suelo y comer golosinas, y ya está. Hablar y no hablar. Y reír y no reír.
A mí me gustan las cosas sencillas. Despertarme junto a ti y que te guste hasta recién levantada. Me gusta gustarte tal y como soy. Con defectos y virtudes. Con mis cosas raras.
A mí me gusta la gente que lucha con todo su corazón. No me gusta la gente superficial. Me gusta la gente que entiende lo que de verdad importa. Me gusta la gente que entiende que detrás de unas ropas existe una persona. Y eso es lo más importante. Me gustan las personas. Las personas que saben arreglarse por dentro, y no les importa no ir como un pincel a todas partes. Porque no. Porque no es importante y ya está.
A mí no me gusta caer. Pero me gusta levantarme. Sonreír y darme cuenta de que no es tan difícil. De que lo he conseguido. Me gusta que la gente me apoye. Me entienda. Que confíe en mí.
A mí no me gusta el chocolate. Ni el queso. Pero me encantan las golosinas. Todas. Me encantan los anisitos y la regaliz. Me encanta un buen plato de lasaña y un vaso de gazpacho andaluz.
A mí me gustas tú. Tu sonrisa y tu pelo. Tu manera de andar. Y tus cosas raras. Saber que eres tú. Tú y nadie más.
A mí me gusta luchar. Por lo que más quiero. Por las cosas que no me parecen justas. Me gusta cambiar el mundo. O al menos intentarlo. Me gusta la gente comprometida. Que se preocupa. Que sabe.
A mí me gustan las cosas raras. Porque son diferentes. Porque me parecen extraordinarias. Me apasionas las cosas simples. Hasta una llave puede ser increíble.
Me gusta reírme sin más. Ser feliz con poco. Me gusta poner los pies encima del sofá. No me gustan los modales. Porque no. Porque no son importantes y punto.
A mí no me gusta lo convencional. Me gusta sentirme libre. Ser distinta. Y me gustan muchas cosas más. Porque sí.
Puedes pensar que estoy loca, pues vale, quizás lo esté. Pero me encantan las cosas que me gustan. Porque sí. Porque me hacen feliz y ya está.


2 jun 2011

Playas III (1)

Él sabe que llegará. No sabe cuando, pero llegará.
Ha hecho la comida. Pescado y patatas. Para dos. Pero hoy solo comerá uno. Él se desespera. Cada día más. Cuando anochece y termina el día. Y ella aún no ha llegado. Los días pasan lentamente desde que está en la isla. Esa isla mágica. La isla de sus sueños.
Ella siempre le hablaba de la isla. Aunque nunca había estado allí soñaba con que alguien la llevase algún día. Quizás el hombre de su vida.
Por eso cuando él se decidió a hacerlo pensó que sería la mejor forma. Pensó que ella llegaría poco después. Pero han pasado tres días y aún no ha pasado por allí.
Él sabe que llegará. No sabe cuando, pero llegará.

18 may 2011

Amor a primera vista.

- Hola. Verás... que te estaba mirando desde allí... y me he dado cuenta de que eres mi chica perfecta.
- ¿Perdona? Eso no es posible. - Dijo ella mientras reía incredula.
- Claro que es posible. A mí me ha pasado. ¿Nuncas has oído hablar del amor a primera vista?
- Lo siento, pero no creo en eso.
- Yo sí. Me acaba de pasar. Y conforme avanza esta conversación me doy cuenta de que estoy en lo cierto.

15 may 2011

Para los que dedican canciones.

Dicen que la música es el lenguaje del corazón. Yo lo creo así.
La música es capaz de sacarme una sonrisa y darle la vuelta a mi corazón. Capaz de ponerme los pelos de punta. De hacerme soñar.
Soy de las que escucha música alegre para sentirse mejor. De las que se ponen música triste cuando les apetece recordar. De las que escuchan música antes de salir, para motivarse.
Soy de las que tienen una canción para cada momento. De las que piensan que lo más importante de una canción es la letra. Lo que cuenta. Lo que transmite.
Soy de las que son felices escuchando música. De las que no tienen una canción favorita. Sino veinte. Treinta. O mil. De las que su vida es como una canción
Soy de las que les gusta dedicar canciones. De las que sueña con que le dediquen canciones.

14 may 2011

Adelante.

Uno. Dos. Tres. Cuatro. Cinco. Seis. Siete. Ocho. Nueva. Diez. Once. Doce. Trece. Catorce. Quince. Muchos pasos. Hacia adelante.
Muchos pasos, a veces demasiados. Siempre hacia adelante. Con la cabeza bien alta. Y la sonrisa de oreja a oreja.
Caminar hacia adelante. Sin arrepentirse de nada. Porque todo sucede por algo. Porque si no es feliz, no es un final.
Caminar hacia adelante sin ver que estás caminando hacia adelante. Caminar hacia adelante sin dejar de mirar hacia atrás. Porque un futuro no se construye sin un pasado. Porque el pasado no se debe olvidar.
Yo camino hacia adelante, de eso estoy segura. Porque me gusta pensar que no existe un final. Porque mi vida se desarrolla en continuo movimiento. Porque solo así puedo ser feliz.

10 may 2011

Sergio Morales Redondo.

No sé como llamar a esto. Me gustaría que se llamara "Carta de agradecimiento". Para así poder agradecerte millones de sonrisas.
Sonrisas que nacen solas cuando me hablas de lo bueno. Y hasta a veces, de lo malo. Y... ¿Cómo no agradecértelo todo?
Gracias por las sonrisas. Y por las noches sin dormir, hablando de lo dura que nos es la vida a veces.
Gracias por las ilusiones, siempre compartidas. Las risas. La felicidad. La esperanza.
Gracias por los llantos, las desilusiones. Los abrazos. Y los consejos.

Como ya te he dicho, esta es una carta de agradecimiento. Y por ello te doy las gracias.
Gracias por estar siempre ahí. Por escucharme, por apoyarme siempre.
Por ser como eres, con tus defectos y virtudes.
Por los sueños. Por tu sonrisa.
Por los momentos buenos, y por los malos. Por confiar en mí. Por creer en mí.
Gracias, Sergio, por enseñarme tanto. Por aprender de la vida conmigo.
Gracias por crecer junto a mí.
Gracias por ser mi amigo.

Te quiero mucho, Susana.
Felices dieciocho.

9 may 2011

Susana Bailén.

Susana Bailén no está segura de ser quien es. No sabe qué es lo que siente. Se disfraza a menudo, para ocultar sus heridas.
Susana Bailén es la que llora a escondidas. La que llora por nada. También es la que ríe a todas horas, en los momentos menos oportunos. La que ríe hasta parecer una tonta.
Susana Bailén es la tonta, fea y torpe. La que hace cosas sin pensar. La que mete la pata, hasta el fondo.
Susana Bailén no sabe hablar de sus virtudes. Solo ve defectos. La que se odia a sí misma.
Susana Bailén no sabe callar. Dice cosas sin pensar. Sin pensar en las consecuencias.
Susana Bailén es un poco bipolar. Puede ser antipática y simpática a la vez. La borde. La apática. La egoísta. La egocéntrica.
Es la tonta, fea y torpe. La que lo hace todo mal. La mal amiga. La peor hija.
Susana Bailén es la que siempre sufre por amor. La eterna despechada. Susana Bailén es la que se ve muy sola. Incomprendida. Absolutamente sola.
Susana Bailén no sabe decir basta. Se siente mal por todo. Susana es la quejica. La niñata caprichosa. La cabezota.
La que no es capaz de levantarse cuando cae. La débil. Susana Bailén es muy débil. Sensible. Es la mujer llena de cicatrices. Susana Bailén es la cobarde, la que huye. La que no se enfrenta a los problemas. La que solo sabe llorar. La que se mete en su cama y ya no sabe salir.
Susana Bailén es la que no sabe vivir. A la que le cuesta vivir.
Susana Bailén es la que no quiere reconocer un error y lo hace todo mal.
La que llora siempre.
La tonta, fea y torpe.
La débil.
Susana Bailén soy yo.